CLOSE UP A HELMUT JAHN

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CLOSE UP A HELMUT JAHN
Amante del cirstal, por considerarlo propiciatorio del vínculo con el entorno, el alemán comparte con Obras su renovada visión en torno a la arquitectura.
POR HANAKO TANIGUCHI

Mientras recorría por primera vez las calles de la Ciudad de México en mayo de este año, Helmut Jahn se lamentó por la cantidad de edificios grises y oscuros que pasaron junto a la ventanilla del auto que lo llevaba al hotel. "Son siniestros", pensaba. Justo lo contrario a su idea de una buena arquitectura.

El arquitecto alemán que estudió con Ludwig Mies van der Rohe, dice que uno de los elementos más importantes de la profesión que ejerce desde hace más de 46 años, es hacer edificios que le hagan la vida más agradable a quienes los usan.

Un edificio habitacional debe ser un lu¬gar donde las personas se sientan cómodas y a gusto para vivir, dice, "no un simple blo¬que reflector de luz solar en medio de una avenida", como calificó a algunas edifica¬ciones de la capital mexicana.

Bajo la premisa de crear espacios agra¬dables es que Jahn ha diseñado edificios en Estados Unidos, Europa, Medio Oriente y Asia. La mayoría de ellos usan como elemen¬to central el vidrio, lo que ya es un sello de las construcciones del alemán origina¬rio de Nuremberg, sin importar si son oficinas, viviendas, fábricas, e incluso mezquitas.

Hasta hace unos cuatro años, su des¬pacho, con sede en Chicago, trabajaba la mayoría de sus proyectos bajo el concep¬to creado por él mismo: 'arqui-ingeniería'. Cualquier diseño que se realizara debía tomar en cuenta los aspectos técnicos. Planeaban y construían de la mano con ingenieros, quienes desde un principio les decían a los arquitectos si sus diseños eran técnicamente posibles.

Hoy, dicho concepto ha evolucionado hacia algo más integral. Los proyectos ar¬quitectónicos del despacho de Jahn son vistos como una mezcla entre arte, cien¬cia, tecnología, creatividad, sustentabilidad y aspectos humanos y sociales.

Después de darle una gran importan¬cia a la parte técnica, Jahn dice que se han permitido incorporar elementos "artís¬ticos y emocionales" a sus edificaciones, porque la experiencia de trabajar con in¬genieros ya les ha dado las herramientas para resolver sus diseños a nivel técnico.

"Nosotros solía¬mos enfatizar los aspectos ingenieriles de la arquitectura pero como ya hemos hecho esto por unos veinte años, sabemos lo suficien¬te y no necesitamos a ingenieros para saber qué es técnica¬mente posible y qué no", dice en entrevista con Obras.

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Entre los trabajos más renombrados de Jahn está el Centro Sony de Berlín, que mezcla edificios de negocios, departamen¬tos residenciales y espacios de entreteni¬miento. El edificio, considerado como uno de los más finos en cuanto a arquitectura contemporánea, recibe aproximadamente ocho millones de visitas al año.

La terminal de United Airlines del Aeropuerto Internacional O'Hare de Chi¬cago, concluida en 1988, es otra de las obras emblemáticas del alemán, que cuen¬ta con estructuras de acero y una mezcla de motivos victorianos y modernos, así como esculturas con luz cinética.

La sede de la Unión Europea en Bru¬selas también es considerada una de sus obras más importantes, aquí Jahn buscó que el edificio tuviera una relación más cercana con su entorno. Para lograrlo, empleó paredes acristaladas que fueran capaces de reflejar las características del ambiente que rodea al edificio.

El arquitecto alemán relata que en cada proyecto ha tomado en cuenta diferentes elementos, pues considera que la arquitectura es también un asunto de sentido común, y lo compara con saber vestirse para cada ocasión.

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"Buscamos hacer lo apropiado, es como cualquier cosa en la vida, como saber que a una fiesta formal no debes ir vestido con pantalones de mezclilla. Saber tomar las decisiones correctas en arquitectura se relaciona con tu experiencia, tu responsabili¬dad, tus conocimientos y, claro, siempre está lo que te pide el cliente", explica el hombre de 72 años, pero con muy pocas canas.

Francisco González Pulido, el socio mexicano de Jahn explica que una preocu¬pación importante para el despacho es también la idea de alejarse de una arqui¬tectura escandalosa pero sin sentido.

"Yo creo que la arquitectura está en una crisis de identidad, porque hay mu¬cha gente que está probando cosas muy interesantes, pero son cosas que no tienen resonancia en contextos sociales ni tec¬nológicos, que no están realmente propo¬niendo nada nuevo, y la novedad no puede sostener el futuro", dice sentado junto al socio con el que trabaja desde 1999.

Para el mexicano que se convirtió en socio de Jahn desde 2009, un edificio bello no puede ser catalogado como tal única¬mente por su diseño, sino principalmente por su funcionalidad.

González Pulido dice que el mundo está lleno de cosas que no tienen sentido, que no sirven a nadie. "Nuestro objetivo es real¬mente contribuir a que la arquitectura ten¬ga un impacto social positivo y cambiar algo, sí, cambiar algo".

EL INICIO
Aunque Jahn estudió arquitectura en Munich, la mayor parte de su carrera la ha desarrollado en Chicago, donde llegó en 1965 para cursar un año en el Instituto Tecnológico de Illinois. Ahí conoció de cerca a Ludwig Mies van der Robe, considerado uno de los arquitecto más emblemáticos del siglo XX, junto con Frank Lloyd Wright, Le Corbusier y Walter Gropius.

En 1967, Jahn entró a trabajar al despacho de C.EMurphy, seis años después se convirtió en socio y director de diseño de la firma; 14 años después, la firma cambió su nombre de C.EMurphy Associates a Murphy/Jahn, nombre que conservó hasta el año pasado, cuando eliminó el Murphy y se quedó simplemente como Jahn.

Su fama a nivel internacional, según el mismo Jahn, surgió con el Centro James R. Thompson, en el centro de Chicago, que concluyó en 1985. El edificio de 17 pisos tiene una fachada de cristal y un atrio que se eleva a lo largo de la construcción.

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Algunos criticaron la obra cuando se inauguró, en 1985, por desviarse del estilo vertical que se había mantenido hasta ese entonces en el centro de la ciudad, y lo calificaron de estrafalario por la forma que recuerda a una nave espacial.

Jahn cuenta que el Centro James R. Thompson fue construido por encargo de la alcaldía, y si bien en ese entonces se le habían ofrecido tres opciones al gobierno local, finalmente se decidió construir el que contaba con el diseño más atrevido. Al igual que la mayoría de sus edificios, el Centro James R. Thompson tiene como materiales base al cristal y al acero.

Pese a las críticas, Jahn logró posicionarse a nivel internacional y comenzó a participar en proyectos en Europa, Sudáfrica, Asia y Medio Oriente.

"El edificio nos puso en el globo y nos lanzó fuera de Chicago por un rato", según dijo Jahn al Chicago Tribune en una en¬trevista realizada en 2012. "Si no hubiéramos realizado el Thompson Center, no hubiéramos conquistado al mundo", agregó.

Después de 28 años, la única región que falta por conquistar es América Latina, donde hasta ahora no tienen planes para construir un edificio. Pero expresa: "Tenemos a México en la mira".

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LA SUSTENTABILIDAD Y SUS MITOS
Ante una audiencia que escucha atenta su conferencia magistral en The Real Estáte Show de la Ciudad de México, en mayo pasado, Jahn dice que la sustentabilidad es uno de los elementos que ha existido en sus edificios incluso antes de que el término comenzara a estar de moda en el mundo, sobre todo, en el de la arquitectura.

Pero explica a Obras, que uno de los problemas con los que ha tenido que lidiar ha sido la idea de que la sustentabilidad se debe lograr con una baja inversión inicial.

"A la gente le cuesta admitir que un edificio sustentable cuesta más", expresa. Un edificio sustentable debe aislarse mejor, comprar equipo especial, instalar celdas solares, bombas para enviar el agua residual a una planta de tratamiento, explica. "Todo eso cuesta dinero". Es decir, contar con un edificio que ahorre en el gasto de energía requiere de una inversión inicial fuerte, aunque con los años se comience a recuperar.

Después de la crisis financiera de 2008, ha sido especialmente complicado con¬vencer a los clientes de los beneficios de una inversión un poco más alta que a la larga redituará en ahorros, cuenta.

A pesar de esto, Jahn y su equipo no han dejado de insistir en la importancia de crear edificios sustentables que aprovechen de la mejor manera los elementos del lugar en el que se está construyendo.

Un ejemplo es el Aeropuerto Internacional de Suvarnabhumi, en Bangkok, Tailandia, en el que se implementaron sistemas de ventilación cruzada para mantener una temperatura más baja que la del ambiente que tiende a ser caluroso. Además, se incorporaron elementos de la vegetación local dentro del aeropuerto, con el fin de que no fuera un bloque de cristal ajeno al entorno que lo rodea.

"Siempre he hecho lo que he creído que es correcto, y creo que un edificio no es únicamente arquitectura, sino tecnología, simplicidad, funcionalidad y responsabilidad social", dice.

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LA SUCESIÓN, ¿Y EL MEXICANO?
El año pasado, cuando el despacho cambió de nombre y se deshizo del apellido de C.F.Murphy, dueño original de la firma, los diarios locales comenzaron a especular sobre el futuro del despacho.

C.F.Murphy murió en 1985, pero Jahn mantuvo el nombre de su exjefe y exsocio durante 28 años. Diarios como el Chicago Tribune señalaron a Francisco González Pulido como el posible sucesor de Jahn, y atribuyeron al ascenso del mexicano el cambio de nombre del despacho que en 2012 se estableció como Jahn.

El alemán niega dichos rumores y González Pulido bromea al decir: "Aún estará un rato con nosotros", mientras Jahn explica: "Es un nombre que tanto Francisco como yo sentimos que suena bien. Es simple".

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Jahn asegura que González Pulido y él están de acuerdo la mayor parte del tiempo, y por eso decidió promoverlo como su socio. González Pulido se ha encargado de la región asiática y Jahn se ha concentrado en Europa, Estados Unidos y Medio Oriente.

Actualmente el despacho se encuentra compitiendo en proyectos como la construcción de una planta de Mazda en Abu Dabi, que tiene como principal reto el ais¬lar el edificio de las temperaturas extremas del desierto.

También trabajan en un complejo de edificios en Corea del Sur en el que buscan integrar las torres al paisaje local con jardines y zonas lúdicas para sus habitantes.

Uno de los proyectos más ambiciosos por el que ahora compiten es una mezquita en Qatar. Presentaron una torre de 800 metros de altura que tiene una cara que ve hacia la Meca y paredes con perforaciones que tienen como objetivo conectar el interior con el exterior del edificio al dejar entrar viento y sonidos de la naturaleza.

Con ese tipo de obras, Jahn busca crear edificios que se integren al entorno y alejarse de los edificios oscuros, como los que vio en México. Para lograrlo, dice, seguirá utilizando el cristal, uno de los materiales que más le ayuda en ese objetivo.

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CITA DE LA SEMANA
No. 290 / 16 de septiembre de 2013
Grupo Arquidecture / www.arquidecture.com

FUENTE:
Revista Obras No. 488 - Agosto 2013